miércoles, 2 de marzo de 2011

RELATO DEL MONTE TUCUMANO

14 de febrero de 1975 se libró el primer combate en los montes tucumanos entre efectivos del Ejército Argentino y del “Ejército Revolucionario del Pueblo” (ERP).

El hecho tuvo lugar en el contexto de la “Operación Independencia”, un conjunto de acciones militares y cívicas ordenadas por la entonces presidente de la Nación María Estela Martínez de Perón para “neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos”, tal el texto del Decreto firmado el 5 de febrero del mismo año.

El Ejército Revolucionario del Pueblo fue creado en 1970 por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) [1],

Organización de carácter marxista leninista [2]

Que pretendía la toma del poder y la instauración de la dictadura del proletariado en Argentina como parte de un plan más ambicioso que abarcaba toda la región latinoamericana.

El PRT, inspirado en el triunfo de la Revolución cubana, convencido, a la luz de lo que ocurría en la guerra de Vietnam, del inevitable triunfo del socialismo en el mundo, y entusiasmado por las consecuencias del “cordobazo” [3]

Que significó el principio del fin del gobierno de facto del General Juan Carlos Onganía, entendió que las condiciones para el inicio de la guerra revolucionaria en Argentina estaban dadas.

La creación del ERP fue una consecuencia lógica de ese pensamiento.

La llegada de un gobierno constitucional en mayo de 1973 no fue motivo para que el PRT-ERP abandonara la lucha armada.

Solamente apreció una diferencia entre la presidencia de Héctor Cámpora que le resultaba propicia para el fortalecimiento de sus unidades y la de Juan Perón que le sería hostil.

Si bien la revolución cubana inspiraba a los jefes de la organización, la metodología revolucionaria empleada en Argentina fue diferente.

En Cuba se aplicó la teoría “foquista”. Esto es un foco de insurrección armada cuyo centro era el ejército de Fidel Castro que desde sus inicios en Sierra Maestra se fue fortaleciendo para luego avanzar triunfante hasta La Habana.

El PRT-ERP pensó que en Argentina los focos insurreccionales debían ser numerosos, combinando la agitación política con las acciones armadas tanto de pequeños grupos como de unidades militares más grandes.

Las ciudades de Buenos Aires, La Plata, Rosario, Córdoba y Tucumán, y la franja industrial de la costa del Río de la Plata fueron los lugares de mayor actividad del accionar revolucionario.

Desde su creación y hasta el inicio de la Operación Independencia, el ERP ejecutó resonantes operaciones militares como fueron el copamiento del Batallón de Comunicaciones 141 en Córdoba; el ataque al Comando de Sanidad del Ejército en la ciudad de Buenos Aires; el ataque a los cuarteles de Azul, en la provincia de Buenos; la toma de la Fábrica Militar de Pólvora y Explosivos en Villa María, Córdoba y el intento de copamiento del Regimiento de Infantería Aerotransportado 17, en la ciudad de Catamarca, además de un sinnúmero de acciones consideradas menores como el copamiento de localidades, de dependencias policiales, robos, secuestros, asesinatos y atentados.

Pero si bien la organización aplicó en Argentina una metodología revolucionaria que puede considerarse original, la revolución cubana y la guerra de Vietnam siguieron ejerciendo su influjo al punto de intentar emularlas, salvando las distancias, con la apertura de un frente rural en la provincia de Tucumán.

Había otra razón, El FRIP (Frente Revolucionario Indo Popular), una de las organizaciones que dio lugar a la formación del PRT, tuvo sus orígenes en las provincias de Santiago del Estero, de donde provenía Roberto Santucho, su jefe, y de Tucumán.

El FRIP pensaba que la revolución debía nacer en esas zonas rurales. Posteriormente, con la creación del PRT y su tránsito ideológico al marxismo leninismo, se sostuvo que el sujeto de la revolución, su principal artífice, debía ser el proletario con conciencia de clase [4]

De las zonas industriales.

No obstante ello, la idea de una guerrilla rural formaba parte de los deseos de no pocos dirigentes de ese partido.

Nació de esa manera la “Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez”, una de las fracciones dependientes del ERP y que operó en la provincia de Tucumán, fundamentalmente al sudoeste de la ciudad de San Miguel de Tucumán, en una zona de cañaverales y monte que se extiende al oeste de la ruta 38 que conduce a Catamarca y sobre la cual se destacan las localidades de Famaillá, Monteros, Concepción y Villa Alberdi.

Esta “compañía” contó con el apoyo que le proporcionaban otros elementos del PRT-ERP que actuaban en la ciudad de Tucumán y con refuerzos que fueron llegando desde otros puntos del país, cuando se hizo necesario cubrir las bajas de combate.

En sus inicios, en febrero de 1974, la “Compañía de Monte” estuvo formada por unos 40 efectivos, cifra que aumentó rápidamente a 70, para llegar en alguna oportunidad a 200.

El primer contingente contó con fusiles FAL obtenidos del copamiento del Batallón de Comunicaciones de Córdoba, “casi un lujo para una guerrilla latinoamericana”. [5]

Ante la presencia guerrillera en la zona, en 1974, el gobierno nacional montó un operativo con efectivos del Ejército y de la Policía Federal que no dio resultados porque el ERP, alertado, se retiró de la zona a marcha forzada.

Tiempo después regresó para tomar la localidad de Acheral y dar a conocer al resto del país el comienzo de la guerrilla rural.

Tras la muerte de Perón, el PRT apreció un pronunciado deterioro del gobierno nacional muy favorable para el sobre dimensionamiento del ejército revolucionario.

La tarea de reclutamiento y ejercitaciones militares prosiguieron durante el año 1974 pero se vieron afectadas por el fracaso del intento de copamientos del Regimiento de Infantería Aerotransportado 17 de Catamarca, en el mes de agosto.

Los atacantes pertenecían a la “Compañía de Monte” y en el paraje de Capilla del Rosario sufrieron una decena de bajas lo que provocó su retirada a Tucumán.

No obstante las pérdidas, para febrero de 1975, los efectivos guerrilleros en el monte oscilaban entre los 70 hombres con algunas mujeres (combatientes), sin contar los elementos de apoyo existentes en las localidades próximas y en la ciudad de Tucumán.

La “Operación Independencia” comenzó el 9 de febrero y fue conducida por el General Acdel Vilas, Comandante de la Vta Brigada de Infantería [6].

En su inicio tres Fuerzas de Tareas se asentaron en Lules, Santa Lucía y Los Sosa, tres localidades menores ubicadas sobre un eje paralelo al oeste de la ruta 38 en una zona mayormente de cañaverales, donde comienza el monte y el terreno empieza a elevarse.

El puesto de comando de la Brigada se instaló en Famaillá.

En Los Sosa se ubicó la Fuerza de Tarea “Chañi” que contaba con dos Equipos de Combate (Unos 60 hombres cada uno) formados con efectivos del Grupo de Artillería de Montaña 5 (GAM 5) y del Regimiento de Infantería de Montaña 20 (RIM 20) respectivamente, ambas unidades provenientes de Jujuy.

A los cinco días de iniciada la operación se produjo el combate de Pueblo Viejo en el cual participé y del cual conservo hasta el día de hoy vivamente sus imágenes.

Los Sosa era un caserío -sin policía- ubicado al oeste de la localidad de Monteros, entre los ríos del mismo nombre y Pueblo Viejo que desde las sierras del Aconquija corren hacia el llano.

El 2 de noviembre de 1974, para “el día de las ánimas”, según la denominación que los pobladores daban al día de los difuntos, la “Compañía de Monte” había desfilado impunemente por el pueblo e izado la bandera del ERP (dos franjas horizontales celeste y blanca con una estrella roja en el medio) dejando en claro la existencia de una vasta “zona liberada” en la provincia.

Cuando la Fuerza de Tarea Chañi llegó a Los Sosa comenzó a hacer patrullajes diarios en los alrededores que tenían el doble propósito de reconocer el lugar y adaptar los soldados, muchos de ellos de la puna, a una nueva geografía.

Paralelamente se realizaron otras actividades como censar la población, controlar las existencias de alimentos imperecederos de los almacenes (probables lugar de aprovisionamiento de la guerrilla) y proporcionar asistencia sanitaria a los lugareños.

La Fuerza de Tarea tenía como Base la escuela del pueblo que resultó estrecha para albergar a sus dos Equipos de Combate e inapropiada desde el punto de vista táctico teniendo en cuenta un eventual ataque nocturno.

Por esa razón se decidió que el Equipo de Combate formado por efectivos del Grupo de Artillería 5 (los artilleros operaban como tropa de infantería) debía realizar un reconocimiento en una zona próxima al Río Pueblo Viejo a fin de establecer una segunda Base.

El día 14 de febrero el Equipo de Combate a órdenes del entonces Capitán Jones Tamayo inició una marcha en camiones por la ruta 38 hasta el sur del Río Pueblo Viejo y luego hacia el oeste hasta donde el terreno lo permitió.

La marcha prosiguió a pié por una senda en el monte donde los hombres avanzaron encolumnados. Formaban el Equipo dos secciones de unos 30 hombres cada una al mando del Subteniente Arias y del Subteniente Martínez Segón respectivamente.

Agregados íbamos el Teniente 1ro Cáceres y yo que éramos infantes y fuimos enviados desde Buenos Aires para completar los cuadros de la Brigada teniendo en cuenta nuestra experiencia en monte en el curso de “comandos” [7].

También iba el Mayor Bidone, segundo jefe de la Fuerza de Tarea, para interiorizarse del lugar probable donde se instalaría la nueva Base.

El ERP fue insistente en el intento de mostrar a los oficiales del ejército como burgueses (en el sentido peyorativo del término) que mandaban los soldados al frente como “carne de cañón”.

Una metodología de propaganda íntimamente relacionada con la guerra revolucionaria.

La circunstancia, agravada por que los soldados estaban en un ambiente y en una circunstancia desconocida hasta el momento, exigió una medida muy clara que desvirtuara la versión.

Se decidió que los oficiales y suboficiales entraran al monte a la cabeza de sus respectivas fracciones, es decir un poco más adelante de lo que marca la doctrina. La medida tenía una ventaja adicional; al estar el oficial muy adelante no era necesario dar ninguna orden verbal.

Los soldados actuaban atentos a las señales o por simple imitación. En horas de marcha, el silencio fue casi total a pesar de que eran 60 los hombres que avanzaban por una senda del monte.

Pasado el medio día se llegó a las compuertas del Río Pueblo Viejo. El nombre del río hace alusión a las cercanas ruinas de Ibatín, el lugar de la primera fundación de la ciudad de Tucumán.

En las compuertas, Jones nos hizo saber que el camino de regreso sería distinto para evitar una posible emboscada en caso de que el enemigo nos hubiera visto pasar.

Regresamos en dirección oeste este por una senda que bordeaba el río, alejándose del mismo de a ratos, en una zona de monte.

Yo iba como jefe de la punta de infantería, la fracción más adelantada.

No era el puesto para un Teniente sino para un Cabo o Cabo 1º pero formaba parte de la decisión que a la mañana se tomó respecto a la ubicación de los cuadros en el orden de marcha.

Mandé como hombre punta al Cabo 1º Orellana, un catamarqueño al que conocía de la Brigada de paracaidistas en Córdoba tres años antes.

Aparentaba tener menor edad y parecía que recién hubiera salido de la Escuela de Suboficiales, pero yo confiaba en él y no me defraudó.

La senda seguía serpenteando; el río se veía crecido por las tormentas del verano. El calor de febrero, y más aún la prudencia, exigían una marcha lenta.

Tuve unos momentos de aprensión al entrar a uno de esos pequeños lugares con que el monte sorprende.

A la derecha de la senda encontré como un arco natural hecho de vegetación que entraba a un pequeño espacio, una especie de habitación formada por una cortina de árboles y maleza que cubrían también el “techo”.

Había menos luz y el suelo estaba muy húmedo.

Puse la rodilla en el suelo, apresté más aún el fusil y empecé a recorrer lentamente con la vista el lugar esperando no tener ninguna sorpresa.

No la hubo y proseguimos la marcha hacia el este, hacia la ruta 38.
La senda se bifurcó en otras dos paralelas.

Eran las cinco de la tarde aproximadamente.

Orellana tomó la derecha y yo la izquierda, más cerca del río.

Marchaba con el fusil tomado con las dos manos, como tantas veces se insiste, cuando de repente, a unos 20 metros, vi parado sobre la senda a un guerrillero.

La sorpresa fue mutua, pude ver la de él en su rostro.

Abrí el fuego y él escapó por unos matorrales.

Avancé tirando sobre los mismos a la altura de la cintura y más abajo, buscándolo.

Sobrepasé a alguien que me disparó con una escopeta.

Sentí un fuerte golpe y un dolor en la espalda y caí.

El fusil cayó de mis manos.

Hubo una pausa, un silencio, e inmediatamente empezaron los disparos de uno y otro lado.

Orellana también había caído en la otra senda.

Un disparo de FAL le hizo un surco en la espalda pero sin penetrarlo.

Un guerrillero se levantó para rematarlo pero se le trabó el arma y volvió a su posición.

Cuando volvió a asomarse Orellana disparó.

Desde el suelo grité ¡Cáceres, estoy herido!

Cáceres fue uno de mis instructores en el curso de “comandos”.

En ese momento no nos llevábamos muy bien y lo tenía como un hombre de carácter difícil.

No obstante, durante los pocos días que estuvimos en Los Sosa, salíamos juntos de patrulla y fue naciendo una mutua confianza.

Pensé que me rescatarían cuando el ataque progresara pero Cáceres se lanzó solo al lugar donde estaba caído, en un pequeño claro en el monte.

A pesar del egoísmo de cualquier herido que desea una pronta atención, me pareció que estaba arriesgando demasiado.

Cuando le pregunté ¡

¿qué está haciendo?

!, me contestó ¡quedate tranquilo que ya te saco!

En ese momento nos dispararon con un FAL, Cáceres profirió un corto quejido y quedó inmóvil.

Después supe que la bala penetró por el hombro, se desvió en el omóplato y siguió directo al corazón.

No podía moverme y no sentía las piernas.

Vi un guerrillero adelante que me observó pero no me tiró seguramente para no delatar su posición teniendo en cuenta que en ese momento no era un peligro para él.

Estaba más atento a lo que ocurría detrás de mí.

El Subteniente Arias estaba desplegando como podía, en la espesura, su sección y comenzaba a avanzar.

Martínez Segón y sus hombres se tiroteaban a través del rió con una fracción guerrillera más numerosa.

Pensé

¿y si quiere rematarme?

No podía tomar el fusil sin que se diera cuenta.

Lentamente saqué la granada y luego de activarla se la arrojé.

Explotó muy cerca de él pero ya estaba muerto.

Varios disparos de FAL le llegaron antes, eso creo.

Vi como la sección de Arias me sobrepasaba abriendo fuego desde la cadera.

Fugazmente pensé:

¡los soldados andan bien!

Pero volví inmediatamente a mi realidad.

Estaba inmovilizado, me dolía mucho la espalda y me salía sangre de la boca.

No sé cuánto tiempo pasó; los disparos proseguían sin interrupción.

Fui llevado a un puesto de reunión de heridos.

Allí vi a Arias.

Estaba parado inmóvil y le salía sangre del cuello.

Un disparo de escopeta Itaka lo alcanzó pero tuvo la suerte que ningún perdigón penetrara demasiado.

Todavía alcanzó a hacer unos disparos sobre un guerrillero.

También estaba Orellana, sentado y algo encorvado.

Se veía el dolor en su rostro.

El Capitán Jones estaba a nuestro lado tratando de comunicarse con dos helicópteros que se aproximaban.

Si no me sacan en helicóptero no llego, le dije.

En la radio de Jones, que un disparo de la guerrilla le había cortado la antena y que recibía pero no transmitía, se escuchó nítida la voz de un helicopterista que dijo:

“¡Si no hay identificación voy a disparar sobre los que están al sur del río!”.

Los que estábamos al sur éramos nosotros.

La masa del contingente guerrillero estaba al norte, salvo la fracción adelantada que había cruzado y luego de enfrentarse con muestra punta estaba en retirada con bajas.

Jones no pudo comunicarse y el piloto, Capitán Grandinetti, nos disparó dos cohetes.

El segundo explotó cerca en el mismo instante en que Jones lograba comunicarse.

Sentí nuevamente los disparos del helicóptero pero esta vez sobre el lado norte del río.

Jones se veía relativamente calmo dando órdenes a pesar de la presión que se ejercía sobre él.

Grandinetti le había tirado dos cohetes; de sus dos Secciones, que seguían combatiendo, llegaban informes y además los heridos lo mirábamos casi permanentemente esperando alguna señal sobre nuestra evacuación.

Solucionada la comunicación con las aeronaves y en retirada el enemigo, se organizó el rescate de los heridos.

Previamente el Mayor Bidone y el Subteniente Martínez Segón con un grupo de soldados, lograron cruzar el río pero luego de que la correntada los arrastrara muchos metros.

El único lugar donde podía bajar un helicóptero era en el río que, aunque crecido, mostraba un pequeño islote de piedras.

Los guerrilleros que estaban en la margen norte se habían retirado pero no existía la certeza de que el área estuviera totalmente despejada.

Un solo guerrillero que hubiera quedado en la otra orilla podría haber dado cuenta de la máquina.

Pero Grandinetti bajó lo mismo y nos rescató.

En ese momento no lo supimos pero nos habíamos enfrentado a la totalidad de la “Compañía de Monte” que se estaba yendo de la zona para que el Ejército cayera en el vacío.

Marchando ellos de norte a sur y nosotros de oeste a este, las posibilidades de que nos encontráramos al mismo tiempo en el cruce de los caminos de marcha eran muy escasas y sin embargo se dio; con tal sorpresa que durante mucho tiempo ambos bandos creyeron que habían sido emboscados por el oponente [8].

La Compañía de Monte” estaba al mando de Hugo Irurzún, nombre de guerra “Capitán Santiago”.

Posteriormente fue herido en el combate de Manchalá, en mayo, y como no tuvo una buena recuperación tuvo que bajar del monte y fue reemplazado [9].

Irurzún decidió replegarse rápidamente siguiendo la doctrina de que la guerrilla no debe empeñarse en un combate que no ha elegido previamente en tiempo y lugar. No obstante no se fue muy lejos.

Para mí, al llegar al Hospital Militar de la ciudad de Tucumán, el combate de Pueblo Viejo había terminado.

Pero no terminó para el Equipo de Combate.

Tiempo después los oficiales me relataron lo que sucedió después de la evacuación de los heridos y los tres muertos (el Teniente 1ro Cáceres y dos guerrilleros cuyos nombre eran Laser y Toledo).

Un helicóptero regresó trayendo al Teniente Iglesias, del RIM 20, que se agregó como reemplazo del Subteniente Arias.

En el lugar del combate se recogieron dos fusiles FAL y un cargador de una pistola ametralladora PAM, arma que habría pertenecido a un tercer guerrillero muerto, conocido como “Carlos”, que cayó herido al río y la correntada se llevó su cuerpo.

Luego del combate un tercio de la munición estaba consumida. Jones ordenó desarmar las cintas de de las ametralladoras pesadas (MAG) y entregar cinco proyectiles a cada soldado.

Aprestados nuevamente los efectivos, se inició la marcha de regreso. Estaba oscureciendo cuando en un claro de monte el Subteniente Martínez Segón que se desempeñaba como “punta de infantería” detectó el dispositivo de una emboscada enemiga. Inmediatamente se batió la zona con disparos reunidos de FAL que los oficiales marcaron con munición “trazante” [10].

Descubierta la emboscada esta perdió su gran efectividad: la sorpresa.

Los guerrilleros se dieron a la fuga.

El Equipo de Combate continuó la marcha y llegó a la zona donde había dejado los vehículos, a las 23 horas.

Para llegar a Los Sosa la columna de camiones pasó por Monteros, la localidad que está sobre la ruta 38.

Era carnaval.

Los hombres pudieron observar los bailes y escuchar la música.

El mundo seguía andando ajeno a los hechos de violencia y muerte ocurridos no muy lejos de allí.

Al llegar a la Base el Equipo de Combate formó en cuadro a la luz de la luna.

Se rezó por las almas del Teniente 1ro Cáceres y de los otros muertos, y se pidió a Dios por la recuperación de los heridos.

La formación concluyó con un ¡¡Viva la Patria!!

Al día siguiente el Equipo de Combate volvió al monte donde permanecería hasta el mes de julio de 1980.

La Fuerza de Tarea Chañi cambió de nombre y pasó a llamarse “Capitán Cáceres” [11].

Pero

¿Qué pasó con la “Compañía de Monte”?

Probablemente esa noche se reorganizó y prosiguió su marcha hacia el sur, afuera de la zona de operaciones del ejército para que éste “cayera en el vacío”.

Pero el plan del ejército en 1975 era distinto al de 1974. No tenía previsto retirarse de sus objetivos independientemente de la presencia o no de guerrilleros.

La “Compañía de Monte” no podía estar indefinidamente fuera de la zona donde se estuvo preparando tanto tiempo y que era cara a sus sentimientos revolucionarios.

Volvió y en el transcurso de ese año y el siguiente se produjeron unos cien enfrentamientos, pequeños la mayoría de ellos salvo los de Manchalá y Acheral.

Para fines de 1975 la actividad de la compañía guerrillera era escasa y un año después casi había desaparecido.

El Combate del Río Pueblo Viejo no tuvo una importancia que llegara a modificar la marcha de las operaciones para ninguno de los bandos.

Sí incidió en lo que hace al aspecto espiritual de la aptitud para el combate de los soldados.

La propaganda del ERP fue desvirtuada.

Ningún soldado murió o fue herido en ese enfrentamiento.

Confiando en sus superiores se adaptaron rápidamente al terreno y combatieron con determinación.

El ejército perdió un brillante oficial pero su muerte heroica no fue olvidada y ha quedado como ejemplo de valor y camaradería.

Tucumán también lo recuerda dando su nombre a un pueblo que el ejército construyó en las proximidades del lugar al año siguiente.

En lo estrictamente personal tuve una enseñanza de vida.

El hombre de carácter difícil con el que alguna vez tuve un roce y que alguna vez también despertó mi desconfianza murió en el intento de salvarme.

Él constituye también un pequeño rincón, ignorado para muchos, inolvidable para unos pocos, de la historia argentina.

Rodolfo Richter
Teniente Coronel (R)

1.- Partido Revolucionario de los Trabajadores.
Resoluciones del V Congreso y de los Comité Central y Comité Ejecutivo Posteriores.
Ediciones El Combatiente, Buenos Aires, 1973, pp. 83-87

2.- El PRT se fundó en mayo de 1965 a partir de la confluencia del FRIP (Frente Revolucionario Indo Popular) y PO (Palabra Obrera). El FRIP se gestó en las provincias de Santiago del Estero y Tucumán.
En su seno convivían tendencias distintas que fueron evolucionando desde el nacionalismo hacia el marxismo.
Entre sus referentes estaba Mario Roberto Santucho, posteriormente el máximo líder del PRT-ERP. El PO era una organización trotskista.
Al principio prevaleció el trotskismo del PO pero luego, a partir del IV Congreso partidario, comenzó a imponerse la línea marxista leninista. (Ver Dirección del Partido Revolucionario de los Trabajadores.
Historia del PRT, 25 años en la vida política argentina. Editorial 19 de julio, Buenos Aires, 1990).

3.- Acción insurreccional acaecida tras una huelga de trabajadores industriales y estudiantes ocurrida en la ciudad de Córdoba el 29 de mayo de 1969.

4.- El obrero con “conciencia de clase” es el que entiende que su lucha no es por meras reivindicaciones salariales sino que tiene un carácter exclusivamente político y que busca el triunfo sobre la burguesía y la toma del poder.

5.- Luis Mattini. Hombres y mujeres del PRT-ERP, de Tucumán a La Tablada. De la Campana, Lanús, 2003. p. 289.

6.- Las unidades de la Vº Brigada tenían sus asientos en las provincias de Tucumán, Salta y Jujuy.

7.- Especialidad que capacita para realizar operaciones de paracaidistas, monte, localidades y zonas áridas.

8.- Así lo consignó la revista Estrella Roja del mes de marzo de 1975 que editaba el ERP. En la misma también se rindió homenaje a sus caídos señalando el valor demostrado ante la emboscada enemiga.

9.- Gorriarán Merlo, Enrique. Memorias de Enrique Gorriarán Merlo.
De los setenta a La Tablada.
Planeta, Buenos Aires, 2003, pp. 266-267.

10.- Munición que marca en forma incandescente toda su trayectoria y el lugar de impacto.

11.- A su vez el Equipo de Combate del GAM 5 pasó a llamarse “Pueblo Viejo” y el del RIM 20 “Los Sosa”.

jueves, 3 de febrero de 2011

NO DEFIENDO AL PROCESO

“Pero acá hubo una guerra revolucionaria”

Hijo de un militar muerto en 1975, encabeza a un sector que reivindica la teoría de los demonios.

Es un caso paradigmático.

Un cambio de estrategia de los sectores vinculados a la última dictadura:

el secuestro y posterior muerte del coronel Argentino del Valle Larrabure busca instalar la idea jurídica de que el asesinato del militar es imprescriptible.

Hasta ahora no ha tenido éxito:

la Corte Suprema ya dictaminó que las acciones de la guerrilla en los ‘70 no son crímenes de lesa humanidad.

El Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) tomó el 10 de julio de 1974 la fábrica militar de Villa María, Córdoba.

De allí secuestraron al subdirector del establecimiento, Argentino del Valle Larrabure. Era ingeniero químico y lo querían para que fabricara explosivos.

Estuvo en cautiverio 372 días en una cárcel del pueblo y murió en circunstancias aún no esclarecidas por la Justicia.

Para su familia, fue estrangulado por sus captores.

El ERP siempre sostuvo que el militar se ahorcó con un cordel.

La causa penal por el hecho empezó en agosto de 1975:

se investigó durante más de dos años y se archivó al no conocerse los responsables.

Treinta años después, uno de sus hijos, Arturo Larrabure, se puso al frente de la causa. Es el vicepresidente del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (Celtyv), el mascarón de proa de un sector de la derecha castrense que busca equiparar a los crímenes cometidos al amparo del terrorismo de Estado con las acciones de las organizaciones guerrilleras. Para debatir sobre estos temas, Larrabure hijo aceptó una entrevista, realizada por mail, con Miradas al Sur.

–Un grupo de peritos realizó hace poco una relectura de los peritajes realizados en 1975 al cuerpo de su padre.

¿Qué dijeron?

–Los peritos del Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema no hicieron una relectura de los peritajes realizados en el cuerpo de mi padre.

Por el contrario, han plenamente coincidido con los médicos forenses de la Justicia nacional, José Guillermo Osman Dick y Avelino do Pico, y el médico legista de la Policía Federal, Horacio José Marinoni, quienes, en 1975, llegaron por unanimidad a la conclusión de que había sido estrangulado, basándose en que el surco de su cuello era de recorrido horizontal, levemente oblicuo, y no se interrumpía.

En el ahorcamiento, por el contrario, el surco es de recorrido oblicuo y se interrumpe por la presencia del nudo. El año pasado, los peritos del Cuerpo Médico Forense, Oscar Ignacio Lossetti y Roberto Víctor Cohen; el titular de la cátedra de Medicina Legal de la UBA, Luis Alberto Kvitko; y el perito de partes, Enio Linares, concluyeron por unanimidad que fue víctima de una muerte violenta. Que fue estrangulado.

Especial relevancia dieron a la determinación de alcohol etílico en sangre de 3,5 gramos: eso los llevó a concluir como verosímil que se encontraba “en estado de indefensión o por lo menos con disminución de su capacidad de reacción al momento de su muerte”.

Descartaron la existencia de una asfixia por ahorcadura autoprovocada. Nunca tuve dudas de que a mi padre lo habían matado.

–Es una prueba que se suma al expediente judicial.

La Justicia aún no dictaminó definitivamente que su padre haya sido asesinado.

–Son medidas de prueba de singular importancia.

No es permitido al juez apartarse de las conclusiones de los peritos, a menos que cuente con argumentaciones muy sólidas para hacerlo.

–Hay otras versiones sobre cómo murió su padre.

Gorriarán Merlo, uno de los líderes del ERP, dijo que su padre “padecía una afección psíquica preocupante y se suicidó”.

–¿Usted a quién le creería?

¿Puede darse más crédito a la declaración de gente que puede ser juzgada por este secuestro y asesinato, que a la opinión de los médicos?

Los médicos actúan como científicos y no necesitan ocultar nada, los asesinos sí.

La estrategia desarrollada por Página/12 y Canal 7 afirmando que Larrabure se suicidó fue intentada años atrás por Mario Roberto Santucho y desmentida por sus propias palabras.

Un hombre que les pidió a sus hijos que perdonaran a sus secuestradores no se suicida.

“Quiero morir como el quebracho, que al caer hace un ruido que es un alarido que estremece la tranquilidad del monte.

Quiero morir de pie, invocando a Dios en mi familia, a la patria en mi Ejército, a mi pueblo no contaminado con ideas empapadas en la disociación y en la sangre”, escribió desde su horrendo cautiverio.

–También una investigación del periodista Carlos Del Frade señala que, según el expediente original, no hubo tortura ni asesinato.

–Si Del Frade hubiera tenido al menos la prudencia y el respeto de leer el expediente judicial habría comprobado que las dos autopsias ratificaban el asesinato.

No se puede seriamente calificar de investigación a lo escrito por quien ni siquiera llevó a cabo esa tarea.

–Del Frade también afirma que la autopsia jamás ofreció como conclusión la certeza de un homicidio.

Todo lo contrario: señala que era un cadáver que presentaba indicios de buena alimentación y buen cuidado, sin la menor marca de tortura o golpe alguno.

–Como no es perito forense, Del Frade ignora las diferencias que median entre la estrangulación y el ahorcamiento.

Las características del surco, el grado de alcohol en sangre, y la inexistencia de síntomas propios del ahorcamiento son descriptas en la pericia de la junta médica de manera muy minuciosa.

Pretender rebatirlos con citas de quienes, por su formación marxista, consideran a la verdad un prejuicio burgués, no es serio.

Una persona con 3,5 de alcohol en sangre está en coma alcohólico.

¿Cómo puede ahorcarse?

–¿Cómo sigue la causa judicial?

–Se han ordenado los testimonios de Antonio Cafiero, Martín Caparrós, José Pablo Feinmann, Miguel Bonasso y Jorge Masetti (h), como parte de la investigación integral y profunda ordenada por el fiscal Palacín.

Hemos interpuesto recursos de apelación contra la resolución de la fiscal (Liliana) Bettiolo, que denegó nuestro pedido de que se libre oficio al Ministerio del Interior para que informe la nómina de personas que han percibido las indemnizaciones previstas en la ley 24.411, clarificando si entre las personas indemnizadas se encuentran miembros de ERP y/o Montoneros, FAR, FAP y/u otras organizaciones guerrilleras, muertos durante los ataques a la fábrica Militar de Villa María, Regimientos de Formosa y Azul, y Monte Chingolo o durante enfrentamientos legales con las fuerzas armadas o de seguridad.

La ley 24.411 posibilita que se indemnice aún a los que hubieran muerto por el accionar legal del Estado en ocasión de repeler un ataque terrorista a un cuartel durante un gobierno constitucional.

Esto evidencia que el Estado argentino apoyó el accionar del terrorismo.

–¿La muerte de su padre fue usada por los militares para justificar el golpe?

–No. Es un hecho histórico indubitable que los militares dilataron el golpe de Estado pese al reclamo de la sociedad civil.

Los que se esforzaron en adelantarlo fueron los propios integrantes de la guerrilla que, en pleno gobierno constitucional, realizaron la mayor parte de sus acciones terroristas.

El lema de la guerrilla era “cuanto peor, mejor”.

–¿Por qué recién 30 años después decidió investigar la muerte de su padre?

–Mi padre siempre nos pidió que sepamos perdonar.

Durante treinta años creí que el silencio era la mejor manera de realizar su voluntad, pero cuando observé que se mentía sobre el pasado entendí que a mi padre eso no le gustaría.

Por eso recurrí a la Justicia, buscando siempre conciliar justicia con perdón.

–Usted pasó de pregonar “mirar hacia adelante, perdonar y olvidar” al discurso de “la reconciliación llegará sólo si se juzga a todos”.

–Siempre pensé que la mejor manera de saldar el pasado es llevando adelante un diálogo de reconciliación que permita realizar un juicio histórico riguroso de la trágica década del ‘70, rescatando el valor de todas las vidas.

En 1998, Videla y Firmenich aceptaron participar de ese diálogo, pero ni la Iglesia ni el poder lo convocaron.

Llegado Néstor Kirchner al poder, lo descartó de plano, mientras impulsaba el juzgamiento de sólo una parte de los presuntos culpables y realizaba la apología del accionar de la guerrilla.

A partir de ese momento, pensé que si la decisión era juzgar, debía juzgarse a todos. Comencé la lucha para que el crimen de mi padre fuera declarado de lesa humanidad.

–Pero la Corte Suprema y la Cámara Federal ya dictaminaron que las acciones de las organizaciones político-militares no son crímenes de lesa humanidad ni crímenes de guerra.

Al estar prescriptos, no pueden juzgarse hoy.

–Por encima de lo resuelto por la Corte prima el derecho y la jurisprudencia internacional, que no dudan en considerar los crímenes de las organizaciones guerrilleras de lesa humanidad, aun cuando no haya mediado apoyo estatal.

La Corte Internacional en el caso Nicaragua sostuvo que los contras estaban obligados a respetar a los civiles inocentes durante el conflicto armado interno que afectó a ese país, en función de la Convención de Ginebra de 1949.

–Con el fallo de la Corte de antecedente,

¿por qué el Celtyv sigue intentando equiparar los crímenes que se cometieron bajo el aparato represivo del Estado con los que ejecutó la guerrilla?

–Le invierto la pregunta:

¿por qué desde la Corte y las cámaras federales se desconoce la jurisprudencia internacional, que es obligatoria para nuestro país?

No sólo las organizaciones que integro sostienen esta tesis. Como lo reconoció el ex fiscal del Juicio a las Juntas y actual fiscal de la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo, los crímenes de la guerrilla erpiana y montonera son de lesa humanidad.

Entendió que el último régimen militar, la Triple A y la guerrilla cometieron ese tipo de delitos, declarados imprescriptibles.

–Avala la teoría de los dos demonios, entonces.

–No. La cuestiono por exigua.

El verdadero demonio es la violencia que infecta el corazón de los hombres, y esa violencia no sólo estuvo inserta en el corazón de los guerrilleros y de los militares, también en el de los intelectuales, educadores, políticos, religiosos, que demencialmente predicaron los métodos violentos y destruyeron el sistema legal que había permitido combatir al terrorismo preservando la ley y la vida.

Y lo grave es que perdura allí, como lo demuestra el Parque de la Memoria, donde se rinde público homenaje a muchos que asesinaron y secuestraron.

–¿Por qué tiene de abogado a Javier Vigo Leguizamón, ex funcionario de la dictadura santafesina?

–Moreno Ocampo reconoció que la lucha contra la guerrilla culminó en 1978, cesando entonces las desapariciones y torturas.

Mi abogado fue subsecretario de Justicia y Culto de Santa Fe entre los años ‘81 y ‘82.

En el epílogo de su libro Amar al enemigo condena en términos muy severos la aberrante metodología de las desapariciones, pero pide que también sean juzgados los civiles que comandaron las Fuerzas Armadas durante el gobierno de Perón y su esposa y que, por acción u omisión, posibilitaron que 908 personas desaparecieran.

–Suele mencionar al Estatuto de Roma para definir el delito de lesa humanidad. Pero está vigente desde 2002 y no es retroactivo.

–En su dictamen, el fiscal Palacín destacó que “las normas que sancionan los delitos de lesa humanidad han estado vigentes en la comunidad internacional desde hace décadas.

La calificación de los delitos contra la humanidad no depende de la voluntad de los Estados, sino de principios del derecho Internacional”.

Los crímenes contra la humanidad quedaron totalmente plasmados en el derecho internacional hace más de medio siglo, por lo que la categoría jurídica se encontraba plenamente vigente al momento de los hechos criminales que sufrió mi padre.

Sin perjuicio de ello es indudable que la guerrilla argentina contó con la colaboración del Estado. Basta leer el discurso de Perón luego del ataque al regimiento de Azul, imputándole al gobernador Bidegain haberlo facilitado, para comprobarlo. Por algo renunció a los dos días.

–¿Cree que es posible hablar de reconciliación entre víctimas y victimarios, sin justicia de por medio?

–Sí, si hay verdadera vocación de diálogo, rigurosidad para el análisis histórico y voluntad de arrepentimiento.

Todos debemos esforzarnos en poner la verdad por encima de la ideología, en comprender todo el dolor.

La reconciliación es un camino independiente de la justicia, aunque ella puede ayudar a reconciliar la patria.

Es fácil reclamar justicia a ultranza, cuando, por connivencias políticas o judiciales, los crímenes cometidos por el reclamante quedan impunes.

La cosa cambia cuando una Justicia valiente y consciente de sus responsabilidades morales e históricas vuelve los ojos hacia el reclamante preguntándole qué hizo en ese pasado doloroso.

Esa es la responsabilidad moral e institucional que pesa sobre los jueces.

–Cuando se habla de “pacificación nacional”, parece que se busca reflotar las leyes del perdón, los indultos y terminar con los juicios a represores.

–Yo no defiendo al Proceso.

A mi padre, como a Rucci, María Cristina Viola y José María Paz, lo mataron antes de que comenzara.

–También hay una fuerte contradicción entre, por un lado, una retórica de “concordia” y, por otro, los feroces comentarios sobre las políticas de derechos humanos que lleva adelante el gobierno.

–Lo que particularmente cuestiono es la banalización de los derechos humanos. Que se los utilice para encubrir injusticias o actos de corrupción.

Que se menosprecie a las víctimas de la guerrilla como si fueran meros objetos a eliminar.

–¿Aporta al debate relativizar las cifras de muertos y desaparecidos?

–Sí, aporta esclarecer el número real de desaparecidos.

Es una falta de respeto a su memoria malversar las cifras o las circunstancias de su muerte en pos de cobrar improcedentes indemnizaciones.

Coincido con Graciela Fernández Meijide cuando, cuestionando la estrategia de Eduardo Luis Duhalde, dijo:

“Es todo tan circunstancial, de tal chiquitaje. Sustituir y llenar de mentiras.

Como los 30 mil desaparecidos.

¿Con qué derecho cuando había un conteo de 9 mil?

¿Porque es un símbolo?

Están los mitos, pero quien hace historia tiene responsabilidad política.

Debe decir la verdad”.

–¿Qué significa para usted el término “memoria completa”?

–Una memoria que abarque todo el dolor y todas las culpas.

El filósofo francés Tzvetan Todorov advirtió sobre los riesgos de una memoria incompleta considerando que nuestro país no era un ejemplo en relación con la búsqueda de la memoria, verdad y justicia.

Recomendó meditar sobre las consecuencias que hubiera tenido la victoria de la guerrilla.

Y recordó que en la misma época, una guerrilla de extrema izquierda desencadenó en Camboya un genocidio de un millón y medio de personas.

–Hay una pregunta que se hace el investigador Germán Ferrari en el libro Símbolos y fantasmas:

¿por qué la evocación en torno de las víctimas de la guerrilla implica siempre de manera explícita o velada una reivindicación de la dictadura o del discurso autoritario?

–Vuelvo a decirle:

no defiendo al Proceso, defiendo a las víctimas de la guerrilla.

Ferrari pretende exculpar a los guerrilleros alegando que mi padre se suicidó, cuando lo mataron porque no pudieron quebrarlo.

Arnold Kremer (N. del R.: Luis Mattini, uno de los jefes del ERP) reconoció que cuando le ofrecieron canjear su libertad por la fabricación de explosivos, “Larrabure se puso en patriota”.

Hoy su heroico ejemplo los acosa como un fantasma, que les pregunta:

¿por qué canjearon sus ideales por las prebendas del poder?

¿Por qué no han disminuido ni la pobreza ni la indigencia?

¿Para esto mataron a tantos?

–Dice que no defiende a la dictadura, pero ¿cómo la evalúa?

–Mi padre me enseñó que aún el peor gobierno democrático es superior a un golpe de Estado.

–¿Cree que en la Argentina hubo una “guerra irregular” como suelen sostener los defensores de la dictadura?

–Le aconsejo leer los considerandos de la sentencia de la Cámara Federal en el Juicio a las Juntas:

por unanimidad concluyeron que el país vivió una guerra revolucionaria.

–Guerrilla y terrorismo no son sinónimos, pero se refiere a las acciones de la guerrilla como “terrorismo”.

No significan lo mismo.

–Son lo mismo.

En la sentencia a los comandantes se dijo:

“Está fuera de discusión que a partir de la década de 1970 el terrorismo se agudizó en forma gravísima, lo que se manifestó a través de los métodos empleados por los insurgentes.

La subversión terrorista puso una condición sin la cual los hechos que hoy son objeto de juzgamiento posiblemente no se hubieran producido.”

–En los ‘70 no hubo terrorismo en el país, tal cual lo entiende la jurisprudencia internacional:

uso indiscriminado de la violencia sobre la población civil, con el objeto de controlar a un grupo o una sociedad por medio del terror.

Las organizaciones guerrilleras realizaron operaciones militares selectivas dirigidas contra fuerzas militares y policiales que provocaron, en algunos casos, la muerte de víctimas inocentes.

–El prólogo original del Nunca más decía que el país había sido también asolado por el terrorismo de las organizaciones guerrilleras.

¿Por qué mataron a Rucci dos días después de que Perón ganara las elecciones por el 62 por ciento de los votos?

¿Por qué asesinaron a María Cristina Viola, de 3 años, el 1º de diciembre de 1974?

¿Por qué atacaron los regimientos de Azul y Formosa?

¿Por qué querían crear milicias populares?

¿Contra qué dictadura combatían?

El decreto 1.368/74, por el que se declaró el estado de sitio, alude expresamente a la necesidad imperiosa de “erradicar una barbarie patológica desatada por un plan terrorista criminal contra la Nación”.

Existió un plan criminal y un ataque sistemático a la población civil para imponer por la fuerza un régimen marxista.

En el caso Akayesu (sobre Ruanda), los tribunales internacionales dijeron que los militares que no participaron en el combate por estar detenidos deben ser considerados miembros de la población civil.

–¿Está de acuerdo con que sean enjuiciados los represores?

–Tal vez la mejor manera de saldar las heridas del pasado sea juzgar a todos. Pero los procesos deben tener una duración razonable y con magistrados probos que no conviertan la prisión preventiva en una condena anticipada.

–Hoy los represores cuentan con todas las garantías con que no contaron los detenidos-desaparecidos en los ‘70.

–No creo que cuenten con todas las garantías. Son manifiestas las presiones que sufren jueces y fiscales.

El presidente de la Asociación de Magistrados y funcionarios ha denunciado presiones.

–Se escucha habitualmente que el gobierno toma venganza contra los militares que participaron del terrorismo de Estado.

Por el contrario, la venganza parece provenir de los sectores afines a los militares, que piensan: ya que no hay amnistía, que se enjuicien a todos.

–Yo no tengo espíritu de venganza.

Más que la condena espero que quienes asesinaron a mi padre se arrepientan, como lo hizo Oscar del Barco cuando escribió que ningún justificativo los volvía inocentes.

No hay “causas” ni “ideales” que sirvan para eximirlos de culpa.

Se trata de asumir la responsabilidad de haber causado intencionalmente la muerte de un ser humano.

No existe ningún “ideal” que justifique la muerte de un hombre, ya sea un militar o un guerrillero.

–¿Cree que la mayoría de la sociedad opina como usted sobre los ‘70?

–Estoy convencido de que sí.

La sociedad ha comenzado a pedir que se juzgue también a los guerrilleros. Lo que todavía no ha meditado es qué hicieron al llegar al poder.

Ojalá algunos dirigentes políticos cierren la herida del pasado violento para que podamos mirar hacia el futuro como soñaron nuestros grandes próceres, como soñó mi padre aún desde la oscuridad de su cautiverio.

Raúl Arcomano
Miradas al Sur

sábado, 29 de enero de 2011

LA TABLADA

LA IZQUIERDA K HACE SU AUTOCRITICA

A 22 años del ataque terrorista, Eduardo Anguita intenta en Miradas del Sur una postura revisionista calificando el hecho como un error.

La Tablada: más silencios que certezas

Pasados 22 años, poco se sabe sobre el copamiento al Regimiento III de La Tablada y la brutal represión que se desató sobre sus atacantes.

Un par de días antes de ese fatídico lunes 23 de enero de 1989, Enrique Gorriarán Merlo habló ante unos 50 militantes en un sitio que se convirtió en el lugar de concentración principal de salida.

La mayoría iba a participar del copamiento del cuartel mientras que otros debían repartir panfletos en la zona destinados a alertar sobre un levantamiento carapintada.

Lo que en la jerga se conoce como una maniobra de diversión.

Entre los asistentes había viejos militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo, algunos de ellos curtidos en las luchas sandinistas y otros que no tenían la más mínima preparación militar.

El cuartel había sido estudiado durante meses por parte de los atacantes. Gorriarán habló de las circunstancias políticas que atravesaba el mundo, Centroamérica y también sobre su caballito de batalla: la democracia estaba amenazada por los carapintadas y era preciso tomar la iniciativa para generar una suerte de insurrección popular para frenar en seco a los enemigos de la convivencia dentro de la vida constitucional.

Gorriarán llevaba más de veinte años en la lucha revolucionaria, había escapado de la cárcel de Rawson, había sobrevivido a la dictadura, había formado parte de la revolución sandinista.

Era una figura con un predicamento en algunos sectores de la militancia latinoamericana y, sin embargo, ese fin de semana previo al copamiento de La Tablada, estaba en la antesala de un desastre que costó muchísimas vidas humanas.

Hasta el día de hoy, hay una serie de misterios que Gorriarán se llevó a la tumba y que probablemente no sepan siquiera algunos de quienes pasaron más de diez años en la cárcel por esa acción.

¿Qué sentido tiene indagar sobre los hilos secretos que llevaron a ese episodio que no dejó ningún saldo positivo ni para la democracia ni para quienes quieren ideales y militancia por un cambio profundo?

Nelson Mandela escribió en prisión una serie de cuadernos que vieron la luz hace poco en un libro llamado Conversaciones conmigo mismo.

Allí dice: “Sólo los políticos de sofá son inmunes a cometer errores.

Las equivocaciones son intrínsecas a la actividad política.

A aquellos que están en medio de la lucha política, que tienen que afrontar problemas prácticos y apremiantes, se les deja poco tiempo de reflexión, crecen de precedentes que los guíen y están destinados a equivocarse muchas veces.

Pero, con el tiempo, y siempre que sean flexibles y estén dispuestos a analizar su labor de un modo autocrítico, adquirirán la experiencia y la previsión necesarias para ser capaces de evitar los peligros habituales e identificar su camino en medio del bullicio de los acontecimientos”.
Gorriarán fue un misterio en muchos aspectos pese a haber sido, de modo indudable, un exponente sobresaliente del intento revolucionario de los años setenta en la Argentina.

En sus memorias relata algunos pasajes del ataque del 23 de enero que remiten más a la valentía de quienes quedaron encerrados durante 36 horas y muchos de los cuales murieron.

No aclara dónde estaba él. Se da por supuesto que dirigía el operativo desde afuera.

Algunos de los atacantes suponen que la inteligencia del Ejército -o del Estado- podría haber tenido información previa.

Pero tampoco lo pueden certificar porque los primeros movimientos contaron con la sorpresa suficiente como para tomar las posiciones principales.

Una resistencia muy intensa surgió desde donde estaban los carriers artillados, con los cuales tenían previsto salir si la acción salía bien.

Esa resistencia no habría sido de grupos especiales que estaban escondidos sino de efectivos de la propia guarnición, muchos de ellos soldados conscriptos.

Algunos de los que cayeron presos y tenían casi nula experiencia militar, durante las primeras horas, y ante la imposibilidad de concretar los objetivos, no entendían por qué no llegaba la orden de retirada.

La lista de interrogantes operativos, después del fracaso y la cantidad de víctimas, resultó demasiado amarga.

El Movimiento Todos por la Patria, el último año, había sufrido la deserción de muchísimos cuadros políticos que habían formado parte del PRT-ERP. Algunos sabían que Gorriarán tenía previsto tomar las armas bajo la explicación del peligro carapintada.

Otros viejos militantes no se fueron de ese movimiento, pero mantenían diferencias con Gorriarán.

Tal fue el caso, por ejemplo, de Floreal Canalis, quien había formado parte del Comité Central del PRT y había caído preso en 1974 en la provincia de Buenos Aires.

Apenas unas horas después del shock que vivía la Argentina por el ataque, Gorriarán hizo llegar a algunos diarios una versión venenosa: que Canalis era, en realidad, un agente encubierto de la Policía Bonaerense, a la que se había rendido en la tortura 15 años atrás. Era una fabulación de Gorriarán, destinada a dar una pista falsa sobre los motivos por los cuales la acción había fracasado.

La Penca y La Tablada

Roberto Vital Gaguine murió en La Tablada.

Tal como lo cuenta Gorriarán en sus memorias, había sido un joven militante de la Juventud Guevarista que se exilió en 1977 y luego se sumó al grupo de argentinos que Gorriarán comandó en Nicaragua, muchos de los cuales tenían una bravura tan grande como su disciplina al jefe.

En 1993, cuando Gaguine había muerto, surgió la primera pista que vinculaba a Gorriarán con el atentado de La Penca, ocurrido en 1984, donde el contra nicaragüense Edén Pastora salvó su vida de una bomba colocada durante una conferencia de prensa en plena selva (ver notas de
R. Ragendorfer y de W. Goobar).

Hasta ese momento, 1993, las hipótesis se orientaban a que la autoría debía ser de la CIA.

Pero en ese momento, surgió otra línea investigativa que señalaba a Gorriarán y al entonces ministro del Interior de Nicaragua, Tomás Borge, vinculados al atentado a Pastora.

Decían, tal como se señala en el informe, que Roberto Gaguine había sido el autor material del atentado.

Cuando esto tomó estado público, los que habían sido detenidos en el cuartel y las inmediaciones estaban presos, mientras que Gorriarán estaba en libertad.

En Buenos Aires, quienes todavía reportaban al MTP ofrecieron una conferencia de prensa para refutar esa versión.

Tres años después, Gorriarán era detenido en México y luego trasladado a Buenos Aires, donde estuvo preso hasta que, a principios de 2003, y tras una interminable huelga de hambre, el entonces presidente Eduardo Duhalde lo indultó.

En 2006, apenas después de lanzar un partido político (Partido para el Trabajo y el Desarrollo), Gorriarán murió de un paro cardíaco.

Nunca explicó lo que pasó en La Penca y mucho menos cómo había sido la trama que lo llevó a planear y comandar el ataque a La Tablada, entre otras cosas.

Pasados 22 años de La Tablada y 28 de La Penca, hay que ceder a la tentación de mirar con los ojos de hoy aquellos dos hechos.

Hay contextos distintos y horizontes distintos.

Quizá, como le dijeron a Andrés Campos, Roberto Gaguine no contaba con que una colaboradora de Edén Pastora corriera de lugar el maletín que tenía la bomba (ver
nota de R. Ragendorfer) y que en vez de orientar las esquirlas al enemigo de la revolución sandinista lo hizo contra los periodistas que estaban en esa conferencia de prensa.

Pero lo que está en tela de juicio va mucho más allá de la participación individual de quien, se supone, llevó el explosivo y años después murió en La Tablada.

Los procesos de lucha popular muchas veces se forjan en la clandestinidad. Sus dirigentes y militantes son objeto no sólo de persecución y sus organizaciones son infiltradas.

Hay otros aspectos muy complejos que tienen que ver con los contactos y maniobras que los propios jefes pueden hacer por iniciativa propia y que quedan en secreto.

Así queda vedado el acceso a la autocrítica de la que habla Mandela.

Así, la interpretación de los hechos queda limitada a valoraciones subjetivas, a justificaciones emocionales y no a los datos fríos de los hechos, sobre los cuales sí es posible construir ideas y convicciones firmes.

Hay dos cosas que los procesos revolucionarios no deben permitirse si quieren dejar una huella positiva en la historia.

La primera es que el relato de esos hechos quede en manos de los agentes de la reacción que sí tienen acceso a los archivos de los servicios secretos y agencias de inteligencia.

La segunda es, precisamente, desestimar el papel que juegan los espías profesionales (profesionales de Estados poderosos que custodian el orden establecido más allá de los gobiernos de turno).

Los grupos y organizaciones revolucionarias suelen crear sus propios equipos de inteligencia y contrainteligencia.

Algunos hacen del secreto o de las maniobras distractivas una forma de hacer política.

Quizás en algunos momentos haya motivos para que esos comportamientos sean aceptables y hasta imprescindibles.

No parece justificable el silencio sobre los hechos mencionados. Finalmente, el testimonio de Peter Torbiornsson puede ser tomado con pinzas por alguien.

No faltará quien ponga la hipótesis de que lo suyo también puede ser manipulado.

Bienvenidos sean los descargos y las réplicas si es que las merece.

De lo que se trata es de desentrañar la verdad de la historia.


Eduardo Anguita

lunes, 24 de enero de 2011

¡¡¡ACÁ NO SE RINDE NADIE, MIERDA!!!!

Así gritó el soldado Hermindo Luna al defender el Regimiento de Formosa del ataque montonero en 1975, fuerza terrorista al servicio del imperialismo inglés.

Y ahora se vienen a hacer los patriotas en el... gobierno cuando están entregando todo.

Ahora pregunto, ¿por qué carajo los estudiantes universitarios, en vez de donar bronce para la estatua del che apátrida, no donan bronce para un monumento al soldado Hermindo Luna?

¿Por qué mierda la Garré o la justicia no le han dado un premio en dinero a los padres de este valiente soldado que con su sacrificio salvó la vida de sus camaradas y sí se los dan a terroristas?

¿Por qué nos escandalizamos del valiente cachetazo de Camaño a Kunkel y no recordamos que este diputado fue uno de los atacantes al regimiento?

¿Por qué no se premia a los VGM y se les da premio a antiguos terroristas y traidores como el Tte. Urien, que traicionó a la Armada, al igual que su antecesor, otro Urien que maltrató a nuestro primer héroe don Santiago de Liniers?

¿Y por qué una y otra vez voy a preguntar hasta que los argentinos de bien seamos un solo hombre de pie para defender a la patria imitando a nuestros soldados veteranos?

¡¡¡¡VIVA LA PATRIA!!!!

Y le ofrezco mi amistad a todo argentino de bien.

Patricio Lons

sábado, 22 de enero de 2011

A VEINTIDOS AÑOS DEL ATAQUE A LA TABLADA

Los Argentinos de bien no olvidamos en estos días el brutal ataque y copamiento del Regimiento De Infantería Mecanizada 3 General Belgrano y del Escuadrón De Exploración De Caballería Blindada, con asiento en La Tablada provincia de Buenos Aires, en la madrugada del día 23 de enero de 1989.

En aquel día, un número no precisado pero cercano a cien elementos de la izquierda revolucionaria argentina, donde se incluían mujeres, atacó frontalmente la Unidad Militar.

Poco antes de las seis de la mañana al menos sesenta militantes entre MTP, PL, ML-29, Montoneros, sin contar los que brindaron apoyo logístico del exterior más franco tiradores, tras embestir y derribar el portón de entrada a la Unidad Militar ingresaron a sangre y fuego, asesinando al centinela y con un mismo objetivo:
Copar La Unidad.

Al mismo tiempo recordemos también que el rápido accionar de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, estableció un cerco a la Unidad y dio el alerta, poniéndose todas las fuerzas de seguridad y Militares en aviso, para su defensa y recuperación.

Debemos tener bien en claro que el objetivo guerrillero era: tomar el Regimiento, apoderarse del Arsenal, salir con los Tanques hacia la Plaza de Mayo, distribuir propaganda subversiva con el fin de tomar el Gobierno, disolución de las FFAA, reemplazo por milicias populares; etc. De haber llevado a cabo esto con éxito otras Unidades Militares de Córdoba y Rosario hubiesen corrido el mismo destino.

En 1989, corría el último año de gestión del Dr. R. R. Alfonsín, quien ordena expresamente al General de Brigada Alfredo Arrillaga, hasta ese momento se desempeñaba como Inspector General del Ejercito, que se haga cargo del Comando Unificado a los efectos de cercar a los terroristas, aislarlos y retomar la Unidad Militar.

Gracias al valiente accionar de todos los efectivos, que por diferentes frentes aéreos y terrestres, de cruentos enfrentamientos que duraron muchas horas, es recuperado el Regimiento rescatando con vida a los rehenes y reduciendo a los elementos subversivos que en número de catorce se rinden ante el EJERCITO ARGENTINO.

Es en ese momento que el señor Presidente de la Nación dispone que esos terroristas detenidos pasen a disposición del Juez Federal Dr. Larrambere, quien estaba presente en el lugar de los hechos.

Todos Fueron Condenados.

Incluyendo Gorriarán Merlo, jefe del MTP, que para esos momentos se había dado a la fuga.

Es digno recordar que este guerrillero en el año 1974 había copado el Regimiento Militar de la ciudad de AZUL, dando muerte a su Coronel y su Sra. esposa.

Los Hombres y Mujeres que respetamos las Instituciones de la Republica y abrazamos la LIBERTAD, veíamos nuevamente los fantasmas del pasado.

Dada en aquel entonces la lista de terroristas, quedaba una sola reflexión: estábamos ante una nueva forma de subversión.

Esta nueva metodología de guerrilla revolucionaria era copia de la nicaragüense, traída por Gorriarán Merlo y sus seguidores.

Es ahí, en el Sandinismo donde se nos ofrece la clave para poder entender lo que teníamos en ese momento y lo que eventualmente podría venir.

Era la clave relevante para interpretar semejante operación. Gorriarán Merlo cambia el accionar de la guerrilla prolongada, al estilo vietnamita (PRT, ERP, Montoneros, etc.), que ya le había fracasado y gira a la Insurrección Popular. Esto debe quedar bien claro si se quiere desmenuzar el accionar de la izquierda revolucionaria, y el nuevo accionar en la actualidad.

LA TABLADA lejos de ser el Sol naciente de la Revolución, nos mostró su rostro espectral y fue lápida de sus propios actores.

Aquella violencia que se había conjurado contra la Libertad Y La Patria, a costa de no sé cuanta sangre, fue el epitafio de la guerrilla en la Argentina en tiempos de PAZ

Existen en la actualidad muchos que profesan virtudes que no respetan y tratan de asegurarse la ventaja de parecer lo que desprecian.

Recordemos, a la vez, que en el año 2003 el entonces Presidente Eduardo Duhalde les brindó el beneficio del Indulto a todos los detenidos, procesados y condenados de aquel acto del 23 de enero de 1989, pero debemos advertir que la Justicia sólo investigó dentro del perímetro del Regimiento dejando fuera todo lo relacionado a la logística y derivaciones de responsabilidad política y económica para que este hecho de salvajismo se lleve a cabo.

Brindemos un solemne Homenaje a los que cayeron en salvaguarda de la Patria En La Batalla De La Tablada entregando su vida al Supremo en pos de la victoria final, la Libertad Y La República.:

Mayor Horacio FERNÁNDEZ CUTIELLOS (h)
Teniente Ricardo A. ROLON
Sargento Ayudante Ricardo R. ESQUIVEL
Sargento Ramón W. ORUE
Cabo Primero José G: ALBORNOZ
Soldado clase 1969: Héctor CARDOZO

Soldado clase 1969: OLMartín DIAZ
Soldado clase 1969: Roberto TADDIA
Soldado clase 1969: Julio GRILLO
Comisario Inspector Policía de la Provincia de Bs. As.

EMILIO GARCIA Y GARCIA
Sargento Policía de la Provincia de Bs. As JOSE MANUEL SORIA.

martes, 18 de enero de 2011

NILDA Y JUAN MANUEL, UNA HISTORIA QUE ATRAVIESA UNA DOCENA DE GOBIERNOS

Abal Medina, tu sangre es negocio en la Argentina

Así gritaba en el 73 la Juventud Universitaria Peronista con su líder el “Tala” Ventura a la cabeza acompañado por su novia la hermosa “Nana” Landaburu, hija de un brigadier antiperonista.

El motivo de ese estribillo era que Juan Manuel Abal Medina, entonces Secretario General del Justicialismo, había tomado distancia de Montoneros para acercarse a la fórmula Perón-Perón y los cuadros izquierdistas del peronismo no le perdonaban que acompañara el giro a la derecha del líder supremo.

De ese modo daba por superada su etapa anterior cuando, por ejemplo, habló en el sepelio de su hermano Fernando, el asesino del Teniente General Pedro Eugenio Aramburu muerto a su vez en William Morris.

En ese entierro, Abal Medina dijo “no hablo como hermano sino como camarada”. Perón lo promovió a la primera línea y así fue cómo apareció junto a él a su llegada al país en noviembre del 72.

Pero luego Abal Medina cometió errores graves: impulsó como candidato a senador por la capital a Marcelo Sánchez Sorondo, quien fue derrotado por Fernando de la Rúa, lo que hizo que el General le fuera retirando su confianza.

Juan Manuel, en realidad, nunca integró Montoneros, pues era secretario de redacción de la revista Azul y Blanco, dirigida justamente por Marcelo Sánchez Sorondo, que era muy crítica de la llamada revolución argentina del general Juan Carlos Onganía, acusando a éste por su supuesta entrega del patrimonio nacional al capital extranjero.

Si bien la revista tiraba muy poco, tenía prestigio en la mayoría de los partidos políticos disueltos por la dictadura.

Fue en esa momento -1966- cuando Perón ordenó “desensillar hasta que aclare” y la mayoría de la dirigencia sindical celebró la caída de Arturo Illia y la asunción del supuesto nacionalista Onganía.

Nilda en acción

En 1968/9, la joven abogada Nilda Garré era amiga íntima de María Borda, hija de Guillermo Borda, el prestigioso jurista que se desempeñaba como Ministro del Interior.

Garré ingresó como asesora con la categoría más alta, la 24, y ahí permaneció durante los gobiernos de Roberto Levingston y Alejandro Lanusse.

Sobre el final del gobierno militar, se casó con Roberto Copello, sobrino del cardenal del mismo apellido.

A comienzos del gobierno de Onganía, Abal Medina se casó con Cristina Moldes, con la cual tuvo cinco hijos.

El mayor de ellos es Juan Manuel, actual Secretario de Medios de Comunicación del kirchnerato. En los últimos meses de la “sangrienta dictadura” de Lanusse, Juan Manuel y Nilda, asesora del Ministerio del Interior y conocida como “Chichita” Copello, formaron una pareja.

Uno de los primeros resultados fue que, un año más tarde, Abal Medina impuso a su mujer como diputada nacional con sólo 25 años de edad, ubicándola en los primeros lugares en una lista que encabezaba Santiago Díaz Ortiz.

Luego, los nombrados, el locuaz Carlos Kunkel y otros, formarían el grupo de los 8, a los cuales Perón los echó por la televisión.

Siempre cerca de los cuarteles

Repudiada por Perón y luego por Isabel, Garré formó otra especie de grupo de los 8 para hacer anti-isabelismo.

Hasta que empezó a trabajar para el golpe del 24 de marzo de 1976 moviéndose en dos frentes simultáneamente: su relación con el almirante Emilio Eduardo Massera, por un lado, y con el Batallón 601 de Inteligencia del Ejército, por el otro.

Gracias a sus aceitadas relaciones castrenses fue cómo consiguió, una vez producido el golpe, que Juan Manuel se asilase en la elegante residencia de Belgrano que era la sede de la embajada mexicana en Buenos Aires.

Nilda, protegida desde el poder, pudo volver a su casa, donde pasó tranquilamente los siete años del proceso y hasta se dio el lujo de hacer política en primera línea.

Así fue cómo se transformó en una de las asesoras principales de don Vicente Saadi, por entonces poderoso presidente de la Comisión de Acuerdos del Senado y gracias a él obtuvo dos licencias de registros de la propiedad automotor en una negociación con los radicales.

Ya en épocas menemistas, no la fue fácil a Nilda acercase al poder, aunque disfrutó de los beneficios de la “cadena de la felicidad” que coordinaba la SIDE.

A todo esto, Juan Manuel no perdió el tiempo y se vinculó estrechamente con los dirigentes del PRI mexicano y se hizo millonario en dólares con los negociados del “ogro filantrópico”, como llamaba Octavio Paz al régimen mexicano, calificación que bien podría aplicarse hoy al kirchnerato.

Esto no quita que Juan Manuel no siguiera colaborando desde el exterior con la SIDE a través de informes periódicos, impresos en papel amarillo, que eran tenidos muy en cuenta por algunos asesores de Carlos Menem.

Final feliz, por supuesto

Cuando Octavio Bordón rompió con Menem, Nilda estaba junto a él. Pero a principios del 96, Bordón abandonó la política y ella se sumó primero al FREPASO y luego a la Alianza.

Durante el gobierno de ésta, estuvo a cargo de la unidad investigadora del atentado a la AMIA, hasta que fue echada, porque la colectividad judía sencillamente no la soportaba.

Siguió revistando en el FREPASO y, con el advenimiento de Néstor Kirchner al poder, de la mano de su mentor Horacio Verbitsky se fue acercando al poder.

Cuando José Pampuro dejó el Ministerio de Defensa para pasar el Senado, ahí Verbitsky tiró su nombre.

Así fue cómo se inició un ciclo de cinco años de destrucción y humillación de las Fuerzas Armadas.

Ahora Nilda se muestra dispuesta a hacer lo mismo con la fuerzas de seguridad, especialmente con la Policía Federal, cuyo flamante jefe, el Comisario Enrique Capdevila, presentó su renuncia.

En su reemplazo, hasta es posible que se nombre un civil y se habla de Marcelo Saín, que tuvo una experiencia similar como titular de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA).

Pero volviendo al título de esta nota, la flamante ministro manejó a piacere el presupuesto y el reequipamiento de las Fuerzas Armadas con el general César del Corazón de Jesús Milani, Director General de Inteligencia y ahora también Subjefe del Estado Mayor del Ejército.

De esta saga quedan graves sospechas de corrupción.

Hoy Nilda vive enrejada en su petit hotel de Barrio Parque, en tanto que Juan Manuel disfruta de sus millones de dólares representando al magnate mexicano Carlos Slim, el hombre más rico del mundo.

También festeja que su hijo Juan Manuel sea ministro de propaganda del régimen kirchnerista manejando un presupuesto de publicidad de 1.800 millones de pesos anuales.

De ahí la premonición del “Tala” Ventura: “ABAL MEDINA, TU SANGRE ES NEGOCIO EN LA ARGENTINA”.

Evidentemente, la Argentina es un país muy generoso.

Guillermo Cherashny

domingo, 16 de enero de 2011

COMO LO MIRO YO

Camarón que se duerme se lo lleva la corriente!

Ayer vi un documental filmado por unos periodistas españoles dentro de los campos en Venezuela, y es alarmante ver cómo hombres armados con armas bien peligrosas de alto fuego y calibre están en manos de delincuentes sin escrúpulos y en grupos antagónicos y sin organización, a campo abierto, con el retrato del Che y otros contrarios, y en sí son todos unos saqueadores de caminos, oportunistas y muy peligrosos.

Esas armas fueron entregadas por un personaje bien conocido, que lleno de odio y enfermo de poder está llevando a esa nación hermana a un sangriento baño de sangre y esto lo sabe el gigante dormido que al despertar de ese sueño se llevará una sorpresa desagradable y terrible si no despierta a tiempo. No quiero mencionar nombres (son dos):
uno es la momia viviente y maligna que está en agonía tomándose su propio chocolate, porque está muriéndose día a día y esa condena lo tiene rabioso, porque sabe que está pagando su condena en carne propia y con todo su dinero (robado) no puede comprar la vida y está consciente y vive revolcándose dentro de la sangre de inocentes que él y sus esbirros derraman.

Esa momia siempre dirigía a otros a cometer crímenes; mientras él se escondía, otros morían y él a la cueva cua cua...

Pero ahora su hijo postizo está en la misma jugada, aún más peligrosa que lo que fue su guía y mentor.

Este sujeto que Ud. sabe es un delincuente igual que su papaaa, ha repartido armas a tuti plen, a bandas de forajidos que están preparándose para destruir a Venezuela en un santuario de todas las unidades terroristas internacionales, con fines del dominio total de América en ese plan infernal, que dirige la momia que sufre y ejecutada por su segundo.

Esto huele mal y se está mirando con hechos y no con palabras, porque la ley habilita esa dictadura rampante y sonante y esa dictadura está funcionando y día a día sigue expropiando (robando) aunque un pueblo valiente, donde a sus hombres y mujeres hay que reconocerles su amor a la Patria herida y con un futuro incierto.

EL CUARTETO PELIGROSO -HAY QUE DECIR SUS NOMBRES O PAÍS MEJOR- LA CUBA CASTRISTA, LA VENEZUELA CHAVISTA, IRÁN Y RUSIA, ESTA ÚLTIMA ES COMO LA GATICA DE MARÍA RAMOS, TIRA LA PIEDRA Y ESCONDE LA MANO.

Los bribones del patio son Castro y Chávez y que siga durmiendo el gigante poderoso que los enanos equivocados no podrán bailar en casa del trompo, porque aunque estos enanos mentales son portadores de una fantasía bien conocida, que usan haciéndose las víctimas del imperialismo, cuando ellos son los verdaderos imperialistas pero del mal, y el mal termina malllllll... “COMO LO MIRO YO”.

Al despertar el Gigante dormido…

¿qué pasará…?

Eduardo Santander